Héctor arrojó su mochila dentro del maletero, de golpe, y lo cerró dando un fuerte portazo. Él también había tenido la semana llena de pruebas académicas y el estrés del estudio le había puesto de mal humor. Odiaba que se le acumulasen los exámenes en una misma semana. Abrió la puerta del piloto y se sentó en el asiento. Se llevó los dedos a las sienes y suspiró. Al menos el pasado martes había sido el cumpleaños de Sun y le había podido regalar algo bonito. Merecía la pena haber pasado por todo ese estrés sólo para verla sonreír con la timidez que tanto le caracterizaba. Arrancó el coche, encendió la música, introdujo un cedé lleno de heavy metal y metió primera. * * * El corazón estaba a punto de escapárseme por la garganta de un momento a otro. Tenía la esperanza de estar sufriendo una alucinación, pero desgraciadamente mi vista no me fallaba: Paula, Bea, Martín y Rubén caminaban varios metros detrás de mí. Tuve la tentación de echar a correr, pero mi casa estaba demas...