Se aferró con fuerza a los barrotes que formaban la desvencijada puerta del cementerio y colocó el pie derecho en uno horizontal para poder escalarla y pasar al otro lado. Sus dos amigas llegaron hasta allí cubiertas por una fina capa de sudor, exhaustas después de una larga carrera, con el cabello pegado a la cara y respirando entrecortadamente. –¡Eh, Violet! –la llamó una de ellas–. ¿Qué coño estás haciendo? La muchacha sonrió con picardía, estirando sus labios carnosos y mostrando unos dientes pequeños y perlados. –¿No tenéis curiosidad por saber cómo es el cementerio de noche? –les guiñó un ojo y comenzó a escalar por la puerta de hierro. –Pues es exactamente igual que cuando es de día, pero sin luz solar –explicó una, intentando que entrase en razón. –Y mucho más tétrico –añadió la otra, contemplando angustiada como la joven llegaba a lo más alto de la puerta y pasaba una pierna al otro lado. –Por eso mismo –su sonrisa se hizo más amplia–. Será una nueva experienci...