Le vi en el patio del instituto, en las pistas de fútbol, hablando con mi tío. Hacía viento. Y frío. Su pelo se zarandeaba de un lado a otro, revolviéndose y tapándole los ojos de vez en cuando. La ropa también le ondulaba debido al aire. Me miró durante unos instantes y se me encogió el corazón. Sonrió, observándome desde la distancia con detenimiento, ignorando las palabras de Fernando. Algo en mi interior me empujaba hacia él, tal vez la necesidad de tenerle cerca. Miré a mi alrededor, preocupada. Sentí un grato alivio al comprobar que no había nadie más en el patio que pudiera verme. Sólo estábamos nosotros tres, así que me armé de valor y caminé hacia ellos, un tanto insegura. Su sonrisa se hizo más amplia, proporcionándome la confianza que me faltaba para llegar hasta él. Mi tío continuó con su monólogo, sin reparar en mi presencia. Parecía estar obcecado en algo. Hablaba, pero no le entendía. No era capaz de escucharle, puesto que mis sentidos estaban pendientes de él. Max tam...