Hacía frío. Sus ojos tuvieron que acostumbrarse a la oscuridad antes de poder ver dónde se encontraba. Sin embargo, hacía frío. Lo notaba en su piel. Era mordiente y atravesaba su carne hasta llegar al hueso. La humedad se le pegaba en el pelo, aplastándolo contra su delicado rostro. Sus labios expulsaban vaho con cada respiración rota. Las rótulas se resintieron. Todavía permanecía arrodillada, con las manos sobre un suelo pedregoso. Se le antojó sucio. Notó su camisón pegado a su cuerpo, empapado en una mezcla de sudor y rocío. No obstante, los ruidos provenientes del espejo ya no se escuchaban. Se puso en pie lentamente y alcanzó una pared a su derecha, con la yema de los dedos. Al fondo se veía un poco de claridad. Estaba en un túnel. Tragó saliva al comprenderlo, procurando no hacer el más mínimo ruido. No era un túnel, exactamente. Nina se encontraba al otro lado de la muralla del castillo, en una de las cloacas que desembocaban en el lindero del bosque. La jove...