Lucan había sido amable, pero su compañía la incomodaba. Era un maestro adulador y su afán por intentar llegar hasta ella era demasiado persistente. Además, el hecho de que tratase a todas las damas de la misma forma era algo que la irritaba sobremanera. No, no estaba hecho para ella. O al menos la pequeña Synne no tenía el más mínimo interés en él. Era capaz de ver su atractivo; de hecho, comprendía hasta cierto punto que el resto de muchachas –y no tan muchachas– suspirasen cada vez que pasaba junto a ellas, pero su cabeza estaba hueca. Vacía. Su conversación se limitaba a unos cuantos piropos y a otros tantos alardes que no llevaban a ninguna parte. Ella quería historias . Las quería. Las buscaba y anhelaba con todo su ser vivir una. Por eso leía tanto. Por eso prefería permanecer cobijada bajo las ramas de un árbol sumergida en una, que pasear con ese muchacho a la merced del hastío de una mala conversación. Alzó la vista de las letras al escuchar unos pasos pesados aprox...