Las tres primeras horas de clase transcurrieron con bastante normalidad. Fui a la biblioteca a estudiar durante mi hora convalidada de inglés y a pesar de que tenía la esperanza de volver a toparme con Max, no hubo suerte. Era curioso lo que sentía. Realmente me sorprendía de mí misma cuando ese cálido hormigueo se apoderaba de mi estómago cada vez que pensaba en él. Quería verle. La calma que transmitía aliviaba mi malestar y, sin embargo, algo en mi fuero interno rechazaba su compañía. Tal vez fuera el hecho de no conocerle lo suficiente como para brindarle mi confianza, pero aún así siempre solía encontrarme entre la espada y la pared cuando se trataba de él. Revolucionaba mi pulso. Lo había hecho desde el primer día que me había topado con él y en esa ocasión no fue distinto. Yanko, Héctor y yo pasamos la media hora del patio juntos. Hablamos bastante y el rubio siguió con el sarcasmo por bandera. No me molestaba su compañía y, de hecho, pareció controlarse las ganas de hacerm...