Un golpe seco la despertó de su apacible sueño, provocando que se incorporase sobresaltada. Alargó la mano con torpeza hasta la mesita de noche para poder alcanzar las cerillas y prender una rápidamente. Un destello de luz anaranjada iluminó la habitación, haciendo retroceder la oscuridad. Aproximó el fósforo a la mecha de la vela, que ardió instantáneamente, alumbrando todavía más el cuarto. Se levantó de la cama y caminó hacia el vano de la puerta, indecisa. Estaba segura de que el ruido había sido real y estaba dispuesta a averiguar qué lo había ocasionado. Salió de la habitación dejándola a merced de las tinieblas para recorrer en silencio el estrecho pasillo que conectaba su cuarto con la cocina. Cogió un vaso y se sirvió un poco de agua de una jarra, pero antes de que el cristal acariciase sus labios, un nuevo golpe resonó proveniente del comedor. Dejó el recipiente intacto sobre la mesa para posteriormente dirigirse a la sala donde se había producido el ruido. El frío del suelo se calaba en sus pies descalzos, reptando por sus piernas hasta anidar en el estómago, produciéndole una desagradable sensación conforme se acercaba a la estancia. El comedor estaba sumido en la penumbra, rodeado de una atmósfera pesada, asfixiante. La joven depositó el cirio sobre la mesa circular situada en el centro de la habitación, se sentó en la vieja silla de madera y ocultó su rostro entre las manos. Tal vez los ruidos provenían del exterior, o tal vez se los había imaginado, producidos por el cansancio. A lo mejor estaba dormida. Sí, eso debía de ser: estaba dentro de su propio sueño, concluyó al destaparse los ojos y contemplar como un humo blanco se arremolinaba en la silla de enfrente. Su corazón se aceleró y se paró en seco cuando la nube blanca se convirtió en un hombre translúcido, que la miraba fijamente desde el otro lado de la mesa. La joven se levantó con rapidez, provocando que la silla cayese de espaldas al suelo, produciendo un estruendo. Agarró la vela de encima de la mesa y retrocedió varios pasos, alejándose del espectro, hasta que se topó con la pared, cortándole el paso. El fantasma de su prometido atravesó tanto la mesa circular como la silla que había tumbada en el suelo, hasta posicionarse justo enfrente de ella. La muchacha sostenía el cirio con unas manos temblorosas, mientras contemplaba como su sueño se había convertido en una pesadilla. El espíritu desvió su mirada hacia la llama, que derretía la cera con parsimonia. Se inclinó sobre ella y sopló, provocando que las tinieblas engulleran el comedor. La joven aguantó la respiración, rígida, con la espalda pegada a la pared y sin poder ver nada. Algo gélido le rozó los labios, haciendo que se le erizase el vello mientras un escalofrío recorría su columna vertebral. Entonces comprendió que no se trataba de ningún sueño, ni de algo producido por el cansancio, ni de una alucinación. Los ruidos habían sido reales, tanto como los latidos desbocados de su corazón.
Título: Cartas a Theo. Autor: Vincent van Gogh. Editorial: Alianza. Traducción: Francisco de Oraá. Género: autobiografía, drama, arte, epistolar. Número de páginas: 486. Encuadernación: Tapa blanda. Precio: 13’30€. Sinopsis: Conservada gracias a una serie de azarosas circunstancias, la correspondencia de Vincent van Gogh (1853-1890) con su hermano menor Theodorus constituye un testimonio sin par de la existencia del genial pintor, pero también de su evolución pictórica y espiritual. En ella están las crisis personales y de conciencia, los incesantes apuros económicos, las esperanzas y las decepciones, pero sobre todo la pasión febril de Van Gogh por la pintura. Sus cuadros y dibujos, valorados poco o nada en vida, han acabado convirtiéndose, paradójicamente, en piezas preciadas de las colecciones artísticas, además de alcanzar cifras millonarias en las subastas e instalarse entre las que gozan de mayor favor del público. La pres...
Wow. Me ha encantado. El fantasma de su prometido vuelve de entre los muertos para estar con ella. Me ha gustado mucho como lo has descrito y redactado todo. ¡Un beso! :)
ResponderEliminarEs inevitable... Me recuerda de algún modo lejano a Ghost! Me gusta la forma en la que uno se sobrecoge cuando le apaga la llama de la vela xD Consigues un poquito de espectación que a través de las palabras cuesta más conseguir que en lo visual :)
ResponderEliminarSoy Kate de MiniMundos... No me deja comentar bien :S
Vaya a mi también me recuerda algo a Ghost ! Jajaja, pero el tuyo es mucho más perfecto, me has hecho sentir un par de escalofríos recorriéndome mientras te leía.. *_______*
ResponderEliminarMomobesos.
Te agradeceria que pusieras una letra mas grande, así no se entiende bien.
ResponderEliminarYo creo que más bien que despertar de las alucinaciones, debía haberse ocupado de despertar su corazón (qué relato tan místico y qué gusto da leerlo)
ResponderEliminar(Te ficho para mis lecturas, pequeña)
me ha encantado de verdad :)
ResponderEliminarahora mismo te sigo ;)
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